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Descubrimos una cabaña en Hawai, nos escapamos al hotel más chulo de Austria y Santi Araújo nos escribe su postal desde la fresca Galicia con toques botánicos. Lee, disfruta y desconecta.
Hola, saludos desde lo más profundo del bosque.
Perdonad que me ponga la careta de futbolera, pero claro, es que es el deporte también es refugio para muchos, y llegar a una final de mundial 16 años después emociona y no pasa todos los días. Pero estoy especialmente feliz porque este fin de semana me escapo a una cabaña chulísima en el corazón del Valle del Genal
¡La semana que viene os cuento! Y recuerda, si este verano te escapas a una cabaña, me encantará que lo compartas conmigo.
Empezamos.
Creo que es la primera vez en casi seis años de newsletter que cruzamos hasta Hawai para ver una cabaña, y claro, es que menuda historia, solo te digo que las ventanas no llegaron en furgoneta ni en camión de mudanzas: cruzaron el mar en barco desde Maui y, ya cerca de la costa, terminaron el trayecto flotando sobre tablas de surf hasta la orilla. Así se instalaron. Y así se entiende, ya desde el principio, qué tipo de cabaña es esta.


La construyó Jay Nelson, diseñador y constructor californiano que lleva años levantando refugios de aspecto imposible con sus propias manos, desde casas en árboles, furgonetas convertidas, cabañas de madera recuperada que parecen sacadas de un cuento antes que de un estudio de arquitectura. Su cliente, Galen, había visto una casa anterior de Nelson en Kauai y le propuso algo parecido, esta vez en Molokai.
Lo interesante es cómo se hizo, a mano, y con mucha improvisación debido al terreno. Nelson dibujó bocetos, hizo una maqueta de madera en su taller y presentó unos planos sencillos al condado de Maui —del que depende administrativamente Molokai— para conseguir el permiso. Y a partir de ahí, bienvenidas las ideas: la posición de la escalera, la barandilla, el diseño de la cocina, todo ello se decidió sobre la marcha, según entraba la luz o se abría una vista al paisaje espectacular donde se iba a situar la cabaña.
El resultado es esa clase de lugar donde cada imperfección tiene nombre propio, hay vigas mal atornilladas, o esas ventanas de las que hablaba al principio que llegaron en tabla de surf. Todo lo que lo convierte, al final, en una cabaña. Cada paso de la construcción fue hecho artesanalmente, con mucho mimo y quedando espectacular. Creo que es de las que más me ha gustado descubrir este año.
A mí, además, me ha recordado levemente a la casa Reese, diseñada por Andrew Geller, una de esas beach houses que transformaron la costa de los Hamptons en los cincuenta y sesenta.
Esta casita de madera forma parte de la colección Surf Shacks Vol. 3, el último volumen de Matt Titone que muestra las viviendas de surfistas creativos por el mundo y que tiene cabañas espectaculares alrededor del mundo.
Puedes leer más en este artículo de Dwell.
Este reel lleva un tiempo saliendo en mi feed de Instagram y claro, me tiene obsesionada y solo quiero pasar el verano allí. Así que os lo tenía que compartir como escapada. En Leogang, en el Salzburgo austríaco, el Hotel Forsthofgut lleva desde 1617 en pie y bajo la gestión de la misma familia, un alojamiento a pies del bosque donde la naturaleza y el bienestar son los principales pilares.
Casi 6.000 metros cuadrados pensados enteramente en torno a la idea de que el bosque cura, con circuitos de saunas al aire libre y un Seehaus asomado a un lago propio donde el único plan es no tener ninguno. La familia Schmuck va ya por la quinta generación al frente, y ese arraigo se nota en los detalles. Para quien quiera llevar el descanso un paso más allá, han añadido hace poco un ala de longevidad con cámara de crioterapia incluida, por si el bosque solo no fuera suficiente. Puedes ver más y reservar en su web.
Cada semana, una persona escribirá una reflexión muy cabañil desde su rinconcito favorito, dejando que El Club de la cabaña salga al exterior. Esta semana le toca a Santi Araújo, amigo desde hace años, de esos con los que hablas horas al teléfono, y mi compañero de conciertos de Caetano Veloso. Santi es músico, vive con dos gatas, Yoko y Agnes; hace un tiempo contestó al cuestionario cabañil y también te envía cada domingo a tu correo cinco cosas que ha descubierto cada semana.
Querida Eva:
Te escribo desde mi cabaña a las afueras de Compostela, en una sorprendente y fresca tarde de mediados de julio.
Ayer vi el documental Sept promenades avec Mark Brown (Siete paseos con Mark Brown) que me fascinó. Es una invitación para acompañar a este botánico británico (estas dos palabras juntas suenan genial) por los paisajes de Normandía para observar de cerca las flores. Con motivo de los estrenos en EE. UU., Brown dijo lo siguiente:
«Decidles a los estadounidenses que sean luminosos como las plantas. Y que el capitalismo conduce a la muerte y a nuestra extinción. Debemos ser humildes y sencillos como las flores silvestres. Si escucháis esto y lo tomáis en serio, entonces podremos salvarnos. No hay nada malo en ser humilde. ¡Pero hay TODO lo malo en ser egoísta! ¡No preguntéis qué puede hacer el mundo por vosotros, sino qué podéis hacer VOSOTROS por el mundo! La generosidad sale a cuenta, pero la mezquindad tiene que pagarse. Estad llenos de luz como las plantas».
Al acabar, corrí a mi estantería a por la edición facsímil de La felicidad de vivir con la naturaleza, los diarios de la naturalista británica Edith Holden a lo largo de todo 1906. Sus ilustraciones de plantas, pájaros e insectos son alucinantes. Mientras desayunaba, con esta maravilla abierta, me puse a dibujar algunos pájaros en la libreta.
Espero que tengas un verano lleno de momentos de silencio, de conexión contigo misma y con todo lo que te rodea.
Santiago, desde Santiago.






La nueva colección de aventura de Zara Home no puede ser más cabaña; no he podido remediarlo y me he comprado el juego de tazas y de platos metálicos, porque claro, ¿quién sería yo si no me obsesionara con todo lo cabañil que sale al mercado?



















Grandes @evamorell @santiaraujo