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Bjarke Ingels es el tipo de arquitecto que cuando decide hacer una cabaña no se limita a hacer una cabaña. Y la de esta semana, es justo eso.
Hola, saludos desde lo más profundo del bosque.
Un estudio que he leído esta semana dice que el 58% de los españoles encuentra en casa su principal refugio, después de un día estresante, por encima de salir con amigos, del ocio o de cualquier otra cosa. Lo ha encargado una empresa de puertas de seguridad, lo que le da al dato cierto aire de obviedad interesada, pero la cifra en sí no sorprende. Lo que me parece más revelador es el detalle de que el 41% afirma que solo encuentra verdadera calma en su casa, en ningún otro sitio. Llevamos años hablando de slow living, de desconexión, de refugio. Parece que no éramos tan raros.
Empezamos
Bjarke Ingels es el tipo de arquitecto que cuando decide hacer una cabaña no se limita a hacer una cabaña. Hace unos meses os hablé de su refugio de verano en Dinamarca y no escondo que es uno de mis arquitectos favoritos:
La Klein Cabin (conocida también como A45) es técnicamente una tiny house de apenas 14 metros cuadrados construida en Bethel Woods, en el estado de Nueva York, para la empresa Klein House. Pero lo que BIG diseñó aquí es en realidad una declaración de principios sobre qué puede llegar a ser un refugio que se va a fabricar en serie.
El punto de partida fue la clásica cabaña en A, esa silueta que cualquiera reconocería con ese techo tan característico que va casi hasta el suelo. BIG tomó esa estructura y la giró 45 grados sobre su base cuadrada, lo que hace que los puntos más bajos del tejado toquen solo dos esquinas y no los laterales, liberando altura interior hasta los cuatro metros. Desde un ángulo parece un cubo, desde otro parece un triángulo. El interior, en cambio, es calidez nórdica pura: estructura de pino macizo, suelo de abeto douglas, paredes de corcho natural aislante, chimenea de leña. La cabaña ganó el AIA Small Projects Award y fue Edificio del Año en ArchDaily, ambos en 2019.
Este proyecto de Klein House nació con la idea de encargar tiny homes a los mejores estudios del mundo para que cualquiera pudiera pedirlas, configurarlas y tenerlas montadas en entre cuatro y seis meses en cualquier parcela. La A45 se construye en módulos con materiales 100% reciclables, recoge el agua de lluvia a través de su cubierta en embudo, y puede funcionar fuera de la red eléctrica. Es una cabaña que piensa en el largo plazo desde la primera línea de diseño.
Que BIG, un estudio responsable de proyectos urbanos de enorme escala en todo el mundo, haya puesto el mismo rigor en 14 metros cuadrados en los Catskills confirma que la cabaña no es una concesión a lo pequeño sino un auténtico laboratorio de ideas para los arquitectos, y eso es algo que me encanta.
En la orilla de la Laguna de los Siete Colores, en Bacalar (México), Boca de Agua es un eco-hotel de villas construidas sobre pilotes entre la selva y el agua, diseñado por la arquitecta mexicana Frida Escobedo. Cada villa se levanta alrededor de un árbol vivo, el suelo permanece intacto, y el 90% del terreno no ha sido tocado. La más pequeña tiene 45 metros cuadrados; la mayor, dos dormitorios y piscina privada. Aparece en la guía Michelin y en Design Hotels, que suelen tener buen olfato; así que hoy, una escapada de lujo que bien merece estar en una lista de lunas de miel o caprichos.
Hay una historia que me ha llegado esta semana a través de Mapas Milhaud, la newsletter de Miguel García Álvarez, y una de mis favoritas. Y claro, era obligatorio que estuviera en esta sección hoy.
La cabaña de troncos tan mítica norteamericana la introdujeron colonos finlandeses a orillas del río Delaware hacia 1640, cuando llegaron formando parte de una expedición sueca. Trajeron consigo una técnica que conocían bien de los bosques escandinavos: troncos horizontales apilados y ensamblados en las esquinas sin clavos ni mortero.
Puedes leer la historia en su edición de esta semana:
Una cabaña para escribir en el valle de Onsernone, Suiza. 12 metros cuadrados, madera, bosque, y un encargo hecho en homenaje a Thoreau. Del estudio Olin Petzold. Para mí, sin duda, una de mis favoritas este año.





Cookie Mueller nació en Baltimore en 1949, trabajó de todo dentro y fuera del mundo del arte, actuó en cuatro películas de John Waters, fue musa y amiga de Nan Goldin, escribió columnas y cuentos que ella misma definía como novelas para personas con déficit de atención, y murió en 1989. Seguro que conoces, has leído o has descubierto por redes Caminar por aguas cristalinas en una piscina pintada de negro.
La verdad sobre el fin del mundo recoge sus cuentos y columnas: textos breves, misceláneos, autobiográficos por debajo de la superficie, donde la pregunta de fondo es siempre la misma: cómo ser feliz en medio del apocalipsis.
Publica Los tres editores.






















Precisamente estoy en una de esas semanas en que el cuerpo me pide irme al medio de ningún lugar para dejar la mente en blanco durante un puñado de días. Acepto mismamente la Klein House, pero sí que pediría que alguien me trajera la comida :).
PS: Me alegro de que te gustara la newsletter; tenía más o menos claro que al menos interesante te iba a resultar.
Me ha encantado la newsletter Eva <3