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Una versión off the grid de las Case Study Houses, una escapada a una cabaña pasiega que es sinónimo de desconexión, y uno de los fenómenos literarios suecos más importantes de los últimos años.
Hola, saludos desde lo más profundo del bosque.
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Empezamos.
El sistema iT House nació de una premisa que Linda Taalman, arquitecta de Los Ángeles, lleva defendiendo desde hace décadas, la de que construir con el mínimo impacto no tiene que significar renunciar a la precisión. Inspirada en las famosas Case Study Houses, son pequeños refugios que se adaptan al terreno, en una especie de kit de alta gama para quien quiere vivir fuera de la red sin vivir desconectado del todo.




Esta versión terminada en 2020 y recién salida al mercado, está en Lone Pine, California, a los pies de las Sierras del Este y a un paso del monte Whitney. Ocupa 127 metros cuadrados distribuidos en dos dormitorios y dos baños sobre una parcela de casi una hectárea, situada exactamente en un claro natural formado entre dos depósitos de bloques glaciares, lo que hace que su huella de carbono sea mínima.
La terraza de 65 metros cuadrados mira al oeste; los espacios principales se abren hacia los picos de la Sierra. Para vivir aquí de forma permanente off the grid, los propietarios —que tardaron cuatro años en terminar la casa— instalaron un sistema solar de 20 paneles, un pozo a 200 metros de profundidad con depósito de reserva de 4.500 litros y calefacción y refrigeración hidrónica.
El interior está terminado en paneles de roble blanco, encimeras de granito y acero inoxidable. Hay algo un poco incongruente —en el buen sentido— en encontrar ese nivel de acabado en medio del desierto de Mojave, con el cielo nocturno sin contaminación lumínica. Además, se vende. El precio de salida es 1,65 millones de dólares. Puedes ver más en Modern California House.
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Casa Mínima es una cabaña pasiega de 150 m² en los Valles Pasiegos, Cantabria, restaurada con certificación Passivhaus. Piedra, madera, ventanales que enmarcan el verde profundo del valle, y a cuarenta minutos la costa Cantábrica para quien necesite cambiar de paisaje. Se alquila completa para hasta seis personas. Abre reservas el 15 de junio.
Toda la información en casaminima.com.
Hay una palabra sueca, backstuga, que en español vendría a ser algo así como “cabaña de ladera” o “cabaña empotrada en la colina”. La encontré en Instagram esta semana y no he podido dejar de pensar en ella. Tres paredes de madera, y la cuarta la pone la propia tierra de la colina. Sin cimientos propiamente dichos, sin grandes recursos, y en torno a unos 20 metros cuadrados. Se encuentran principalmente en el sur y suroeste de Suecia.
Los backstugusittare —literalmente “los que se sientan en la cabaña de ladera”— eran la franja más pobre de las comunidades rurales suecas. Vivían de trabajos esporádicos, de la artesanía y, en muchos casos, de la caridad del terrateniente o del pueblo e incluso el Estado ni siquiera les consideraba sujetos fiscales. Eran invisibles. La madera era un bien material muy caro y tuvieron que adaptarse a lo que tenían para hacer refugios más económicos y duraderos, por eso sus casas se confundían con la ladera, orientadas al sur para aprovechar el poco calor disponible, con la entrada baja y una chimenea que servía para cocinar y calentarse en invierno.
La cifra de backstugor fue creciendo a lo largo del siglo XIX: poco más de 28.000 en 1805, casi 45.000 a mediados de siglo, 50.000 en 1885. No era una anomalía marginal del paisaje sueco; era una institución de la pobreza rural y totalmente documentada. Con la Laga Skifte de 1827, la gran reorganización agraria que redistribuyó las tierras de cultivo, muchos arrendatarios perdieron su lugar y bajaron un peldaño más, aumentando el número de ellas.
Con el paso del tiempo y la mejora de las condiciones de vida, muchas fueron abandonadas. Pero su camuflaje natural las convirtió en refugios útiles para quien necesitaba esconderse: hay constancia de una familia que usó una backstuga en Småland como escondite durante los años setenta. Hoy algunas están restauradas y se pueden alquilar.
Puedes leer más aquí.
Annika Norlin es una cantante y compositora sueca y The Colony es su primera novela. Publicada en Suecia en 2023 bajo el título Stacken (hormiguero), se convirtió en el mayor fenómeno literario sueco desde Un hombre llamado Ove de Fredrik Backman, con los derechos vendidos a más de una docena de países y una adaptación televisiva en marcha.
La historia arranca con Emelie, periodista agotada que huye de la ciudad y, en el campo sueco, tropieza con un grupo de siete personas que han elegido vivir al margen: cada una con su historia de fractura, cada una convencida de que el bosque lo arregla todo.
Aún no está disponible en castellano pero puedes leerla en inglés o en catalán, editada por Les Hores.



















me encanta la propuesta de Linda Taalman!!!