El cuestionario cabañil: Delia Rodriguez
Delia, que es más de interior que una oveja merina lleva su cabaña a esa España despoblada, a un lugar misterioso que es perfecto para enraizarse, pasear y volver a esa vida tranquila que añoramos.
A Delia hace muchos años que la conozco y, sobre todo, admiro. Es la persona que sabe más de internet, para mí ella hizo el internet que conozco hoy. En 2018 abandonó Miami para irse a vivir a una pequeña aldea en las Tierras Altas de Soria, una de las zonas más deshabitadas de España, en el que vivían solo cuatro personas (incluyendo a ella y a Guillermo, su pareja y editor de la revista Salvaje). Y este detalle me encantan, todos tenían una copia de la llave del bar. Aunque ya vive por Madrid, es un espíritu cabañil.
Es periodista y escritora y fue la fundadora de Verne (no sé si recordáis ese vertical tan maravilloso de El País, el primero que habló de tendencias y el mundo digital). Escribió Memecracia, un ensayo que se anticipó a la cultura de lo viral. Y por supuesto, como buena chica de Internet, tiene su newsletter Leer, escribir, internet en Substack.
¿Tu cabaña perfecta estaría en la montaña o en el mar? ¿Por qué?
Montaña. En cuanto subo un puerto mis mitocondrias hacen una fiesta. Soy más de interior que una oveja merina.
Explícame un poco cómo sería.
No es una cabaña sino una casa ubicada en una zona alta y despoblada de España que conozco bien y no pienso confesar. Tampoco es un edificio aislado, forma parte de un pueblo. Paso la mayor parte de mi día viviendo en las pantallas y metida en mi cabeza, así que para mí refugiarme significa enraizarme, no “desconectar”. Como llevo el invierno dentro, esa fantasía tiene más que ver con el confort térmico y lumínico que con la arquitectura y la decoración de Pinterest. Sueño con casas pasivas, aerotermias, suelos radiantes, cubiertas bien aisladas que huelen a pino, velux cenitales, puertas y ventanas de madera bien restauradas.
¿Cuál es ese momento en el que desconectas del día y que es más ‘cabaña’ para ti?
Ese momento de la mañana en el que aún no he mirado el móvil y puedo tomarme mi tiempo para desayunar y sacar al perro.
¿Qué no podría faltar nunca en tu cabaña?
Una chimenea, una huerta, una barbacoa, una cocina económica, una radio, una navaja, guías de campo (de minerales, pájaros, plantas y setas), mantas viejas de Ezcaray o nuevas de Mestas, una mesa gigantesca para dar de comer a los amigos y la familia, unas botas muy buenas, ropa del Decathlon muy mala, crema y cacao con protección solar alta, un telescopio, conservas caseras o de Gvtarra, libros, infusiones, mi portátil, un wifi que funcione solo a veces, la revista Salvaje que edita mi novio, mi novio y mi perro.
Un libro para leer por las tardes en el porche.
La Regenta, porque es mi libro favorito de la vida pero sobre todo porque me gusta mucho la idea de mí misma leyendo La Regenta en un porche.
¿Qué canción o qué grupo sonaría siempre?
Ninguno. En el campo prefiero el silencio o la radio de fondo.
Un hotel con espíritu cabañil o una cabaña a la que harías una escapada sin dudarlo.
Iba a recomendar una cabaña en los Apalaches a donde fui con unos amigos hace años, pero creo que prefiero el camping Selva de Oza, un sitio muy sencillo en un lugar impresionante de Huesca. Dormir en las montañas separada de ellas solo por una tienda de campaña es una experiencia increíble. La mejor cabaña es la que casi no existe.










