El cuestionario cabañil: David Moralejo
Su cabaña ideal tiene vistas al mar y a la montaña, una mezcla entre Lofoten, en Noruega, y Walker Bay, en Sudáfrica. Hacedle caso, es la persona que más sabe de viajes. Y con una BSO maravillosa.
Hola, saludos desde lo más profundo del bosque.
Esta semana no ha habido edición de jueves, soy consciente, pero he tenido un par de semanas en las que siento que 24 horas no son suficientes. La semana que viene vuelve vuestra dosis semanal. Hola a todas las caras nuevas, espero que disfrutéis de esta carta de desconexión cada jueves.
Hace poco me escribió Jose Luis Angulo proponiéndome participar en su sección de libros de SER Aventureros. Y oye, vaya ilusión. Podéis escucharlo aquí.
Esta semana, contesta a nuestro cuestionario cabañil una de las personas que más sabe del mundo del viaje de España. David Moralejo es Head of Content de Condé Nast Traveler España, y es el que me deja escribir sobre cabañitas en la revista sin ponerme pegas. Cuando le propuse contestar el cuestionario, me dijo “ya era hora”, porque David es un gran fan del mundo cabañil, de la naturaleza y de todo lo que sea desconectar de verdad. Y a mí, claro, pues me hizo mucha ilusión. De hecho, la foto que me ha enviado está hecha en Zimbawe, uno de mis viajes soñados. Seguidle porque si queréis saber lo que se mueve y dónde tenéis que escaparos para desconectar, es vuestra persona.
¿Tu cabaña perfecta estaría en la montaña o en el mar? ¿Por qué?
Empezamos mal (o bien) porque lo primero que se me ha pasado por la cabeza es... una cabaña con vistas al mar y a la montaña. Spoiler: lo quiero todo y así lo imagino. Supongo que tiene mucho que ver con dos lugares que me fascinan y en los que fantaseo con una improbable (ojalá) vida cabañil: las islas Lofoten, en Noruega, y Walker Bay, en Sudáfrica.
Explícame un poco cómo sería
De tamaño modesto, y es que defiendo la sensatez frente al exceso (de metros, de efectos especiales): hay que vivir con lo justo para acumular solo lo necesario. Con ventanales enormes, eso sí, aquí me contradigo, que conecten exterior e interior e inunden todo de luz. Los suelos, siempre de madera. De la que cruje, por descontado. Necesito pisar descalzo, no soporto las zapatillas de estar por casa. Libros, chimenea y un tocadiscos. Qué de tópicos, lo sé, pero es que la sueño como ese lugar perfecto en el que celebrar el fin del mundo. El “búnker” donde vivir una distopía feliz.
¿Cuál es ese momento en el que desconectas del día y que es más ‘cabaña’ para ti?
Al caer el sol, cuando el cielo madrileño se tiñe tantas veces de tantos colores. Soy poco eléctrico: apenas enciendo una lámpara y unas velas para tamizar la penumbra. Y también soy muy afortunado: mi casa tiene cierto halo nórdico en invierno, pero en verano se convierte justo en lo contrario: un festival de luz, sol y ventanales abiertos, diría que casi un refugio mediterráneo. Supongo que ese era el plan, intentar una cabaña en plena jungla de asfalto.
¿Qué no podría faltar nunca en tu cabaña?
El ratito juntos de después de cenar.
Un libro para leer por las tardes en el porche
Ahí sí que tengo que tirar de mi propio cliché: mi adorado Mark Twain. Cualquier título de Mark Twain. Todos. Pienso en Roughing It, pero también en Tom Sawyer y en The Innocents Abroad. Leería mucho, creo que mi idea de cabaña tiene más que ver con disponer de tiempo infinito para leer porque ahora... voy escaso.
¿Qué canción o qué grupo sonaría siempre?
Qué difícil es esto. Déjame decir varias (de varios) con la excusa de que no podría soportar que sonase siempre la misma canción, imagina qué agonía. Strange Currencies, de R.E.M.
All My Little Words, de The Magnetic Fields. I Like, de The Divine Comedy. It’s Getting Better, de Cass Elliot. The Wanderer, de Nick Garrie. ¿Qué?, de La Bien Querida. Paro aquí para no llenarte el folio, pero añadiría mil más.
¿Qué es refugio para ti?
El lugar donde ser.
Un hotel con espíritu cabañil




Aquí tampoco puedo quedarme solo con uno. Por alusiones, Nusfjord, en las islas Lofoten, y Grootbos, en Sudáfrica. Ahora me viene a la cabeza Deteema Springs, en Zimbabwe, posiblemente de los lugares más bellos en los que haya estado jamás, pero también Villa Inkógnito, en Oslo, urbano y tan Ibsen, tan cálido. Fíjate, tuve esa misma sensación en The Line DC, nada menos que en Washington DC. De los pendientes fantaseo con ir pronto a Eha, en Hiiumaa, Estonia; a Sheldon Chalet, en Alaska y uf... te diría mil más. Uno por cada canción.






Pero, por favor, ¡qué buen gusto musical! No es que haya tocado bandas que me flipan (como R.E.M.), es que además ha incluido canciones que me parecen unas auténticas joyas atemporales, como "All My Little Words" o "It's Getting Better".
Y si fuera solo eso, las Lofoten me parecen uno de los lugares más bucólicos que he visitado en mi vida. Creo que David es el invitado que has traído por aquí con el que más he tenido en común :).